2. La actitud

Todos tenemos o hemos tenido metas en algún momento de nuestras vidas. Es muy común querer mejorar áreas de nuestra vida. Desde muy pequeños tenemos áreas de mejora y poco a poco vamos consiguiendo mejorarlas o no. En conseguirlo o no, en claudicar ante la adversidad renunciando a nuestros ideales o seguir intentándolo hasta llegar al placer de conseguirlo depende en gran medida de algo llamado actitud.

La diferencia no está en si el reto o la vida es fácil o difícil.  Es nuestra relación con el reto y con la vida…donde se encuentra la diferencia. En la actitud está la clave.  Un bebé que está motivado por aprender a caminar pero su actitud está basada en evitar el caer tardará mucho más en conseguir dar los primeros pasos. Mientras que otro bebé con la misma motivación y necesidad de aprender a caminar pero con una actitud enfocada no sólo en el logro sino que también en el proceso, lo intentará una y otra vez, tal vez caiga más veces que el primero pero acabará andando antes. Claro está que ninguno de los dos niños es consciente de que su actitud marca la diferencia, ni seguramente es consciente de su existencia. Pero nosotros los adultos sí podemos  darnos cuenta de cuál es nuestra actitud ante la dificultad, ante el reto,  si eres un aliado o un saboteador de ti mismo y de tu camino.

Muy diferente es buscar empleo creyendo que es posible encontrar que buscar empleo creyendo lo contrario. No será más fácil o más difícil  encontrar empleo, pero sí el que crea en la posibilidad lo intentará más veces, será más creativo, buscará y utilizará más recursos y finalmente lo conseguirá seguramente antes que el segundo. Así pues, reconocer cual es nuestra actitud en el día a día, en la manera de afrontar el reto… nos permitirá ser conscientes y decidir si queremos realizar los cambios necesarios para ayudarnos a llegar antes.

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor,
la electricidad y la energía atómica.
Esa fuerza es la voluntad.”
By Albert Einstein